martes, 17 de febrero de 2009

Notas para despertar emociones


Varios estudios demuestran que la música, utilizada como terapia o impartida como asignatura, calma a bebés, a enfermos y desarrolla agilidad verbal y matemática

30.11.08 - LOLA SORIANO| VALENCIA

Sabían que la música es capaz de sacar en pocos segundos los impulsos emocionales más ocultos de la caja negra del cerebro?, ¿o que en los países donde los alumnos estudian música como asignatura troncal desarrollan mayor agilidad en la escritura, expresión verbal y en las matemáticas?

Estas son sólo dos de las muchas virtudes que posee este arte ancestral concentrado en siete notas y que, con múltiples combinaciones, logra reacciones naturales como poner los pelos de punta.

El poder de la música es tal, que en muchos institutos de investigación y en centros médicos se utiliza como terapia en neonatos, con enfermos de alzheimer o para desbloquear en personas la parte del cerebro que gestiona las sensaciones desagradables, "que en realidad son muy importantes para afrontar los cambios y abrirse a retos. Se les hace escuchar música agradable y desagradable, por contraste", explica Ricardo de Cala, doctor en Ciencias de la Información, comentarista de ópera, miembro del Parlamento Cultural Europeo y autor de la conferencia "Emociones Musicales", impartida hace algunas semanas en la Fundación Ruralcaja de Valencia.

En el caso de los bebés neonatos o con el síndrome de abstinencia, la música también aporta resultados excelentes. Así, por ejemplo, en el área de neonatología del hospital valenciano La Fe se desarrolla un programa de musicaterapia y se ha demostrado que mejora la frecuencia cardiaca y el nivel de oxígeno del recién nacido ingresado, además de producir una relajación, un sueño más tranquilo y aumento de peso.

La terapia consiste en poner a los pequeños música de Mozart, Vivaldi o Brahms tres veces al día, durante una hora. El tipo de música utilizada tiene que ser apacible, envolvente y sin cambios bruscos. El equipo de neonatología ha comprobado que los niños prefieren a Mozart, sobre todo cuando incluyen sonidos de xilófono o de naturaleza.

La música, aunque parezca increíble, también despierta emociones en los fetos mientras se encuentran en pleno crecimiento en el vientre materno. "El oído se desarrolla a partir del sexto mes. En la Universidad Yale se hizo un estudio en mujeres embarazadas en el sexto mes de gestación, para probar el 'efecto Mozart'. Primero, se puso a estas mujeres gestantes a escuchar piezas de este compositor y luego, cuando el bebé ya había nacido, se les ponía la misma música, durante periodos cortos, y se tranquilizaba", detalla De Cala.

Este experto en comunicación y música clásica asegura que es muy importante que la música acompañe a los infantes a lo largo de toda la vida. "Está claro que el cerebro del niño es un músculo que se va ejercitando y, si potenciamos su desarrollo emocional y les hacemos crecer con música, serán más sensibles al arte y la cultura y desarrollaremos más su inteligencia".


Crecer con la música
"Durante años se ha dicho que el país más intelectual era Alemania y ahora se habla también de Finlandia y, casualmente en ambos casos, la enseñanza de música es vital. Se da como asignatura importante, no como una 'maría'", asegura este experto. Además, se ha comprobado que la música "tiene efectos colaterales en la escritura, la expresión verbal y las matemáticas".

Como consejo, De Cala indica que no hay edad para acercarse a la música, sin necesidad de pretender ser un virtuoso, y que "cuando se lleve al niño a escuchar música, se haga de forma amena. Así como, por ejemplo, cuando vas con tu hijo a un museo le documentas de forma divertida y le enseñas un cuadro, no todo un museo entero, con la música se puede hacer igual". Este investigador asegura que cuanta más educación musical y cultural "demos a nuestros hijos, más cerca estaremos de lograr ciudadanos más felices, libres y con criterio".

Este experto -que estudia la vinculación de la música y las emociones- también elogia el trabajo realizado por directores y músicos de avanzada edad, como Lorin Maazel, Karajan o Andrés Segovia, "puesto que en otras áreas del arte hay octogenarios desarrollando una determinada función, y lo vemos como algo raro, y no damos importancia a los que dirigen orquestas". En este sentido, dice que la dirección "requiere una enorme concentración, anticiparse a lo que interpretan los solistas, controlar a 100 artistas a la vez... Por lo tanto, deberíamos de apreciar más este esfuerzo".

Fuente:www.lasprovincias.es